Los piratas

Aunque algunos lo duden, lo cierto es que los piratas existieron realmente.

El año 1620 crearon lo que hoy conocemos como cooperativa, y le pusieron por nombre "La Orden de los Piratas", una especie de escuela donde los futuros filibusteros aprendían el oficio; a continuación y ya letrados, recibían el nombre de "aprendiz" hasta que llegaban a adquirir el título.

Cuando finalizaban una batalla, generalmente por realizar el abordaje a otra nave a la que querían robar, hacían recuento de los heridos, de los muertos... y del botín conseguido, el cual se repartía empezando por los heridos que recibían algo más de los que les hubiera correspondido -una especie de plus- según la gravedad de sus heridas.

Para los muertos, generalmente sin esposa, hijos o parientes, su parte seguía en el monto general para repartirlo luego entre los que habían resultado sin heridas.

Volviendo a los heridos; existía una especie de baremo establecido de antemano que servía como tarifa según la gravedad:

Pérdida del brazo derecho: 600 pesos o seis esclavos.

Pérdida del brazo Izquierdo: 500 pesos o cinco esclavos.

Pérdida de la pierna derecha: 500 pesos o cinco esclavos.

Pérdida de la pierna Izquierda: 400 pesos o cuatro esclavos.

Pérdida de un ojo: 100 pesos o un esclavo.

Pérdida de un dedo: 100 pesos.

Una vez hecho ese reparto, lo que quedaba del botín se distribuía de la siguiente forma:

Dos partes para el capitán y el resto para la tripulación... salvo los aprendices que cobraban la mitad de la cantidad para un pirata.

Nota: un esclavo blanco valía 30 escudos; uno negro, 20.





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La obesidad es hereditaria

Según últimos estudios realizados por la Universidad de Copenhague (Dinamarca), y aunque aún queda mucho camino para llegar a un conocimiento final, parece que la obesidad es hereditaria, transmitiéndose a través del semen paterno.

Esta transmisión genética, realizada en el momento de la gestación, la heredarán los descendientes de las dos generaciones siguientes (hijos y nietos), desapareciendo en la tercera (bisnietos).

La conclusión, no definitiva aún pero cuyos datos que de momento se tienen parecen apuntar que se está en el buen camino, indica que la forma de comer e incluso la salud metabólica de nuestros padres, repercutirá en nosotros y en nuestros hijos. No así en nuestros nietos.

Con todo lo anterior parece que somos más que responsables de lo que hagamos con nuestro cuerpo, ya que ello repercutirá de forma notable en nuestros descendientes directos.

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La pechuga de pollo más buena del mundo

En ocasiones y por pura casualidad encuentras recetas que te sorprenden hasta el punto de hacerte venir a este blog y contarla.

Hoy tenía una pechuga de pollo para cenar, pero no sabía qué hacer de guarnición, así que allí estaba yo dando vueltas mientras abría y cerraba la nevera. Por la tarde había hecho unas madalenas-bizcocho, cuya receta pondré otro día y que me han salido espectaculares, y me había sobrado un poco de nata. Mi problema cuando me queda "poco de algo" es que luego cría malvas en el frigorífico porque o se me olvida que está allí, o que nunca ha quedado cantidad suficiente para lo que necesito, así que decidida a no tirar nunca más, me he quedado mirando ese "culín".

Sin buscar recetas que apoyaran lo que se me estaba ocurriendo, y queriendo sobre todo aprovechar esa poca nata, he cogido un plato hondo, he puesto en él la triste pechuga, y le he echado la nata por encima; luego le he dado la vuelta (al pollo), para que se remojara bien en el blanco líquido, y lo he metido todo en la nevera a espera de que fuera hora de cenar.

Ya muerta de hambre, he sacado el plato de la nevera, he puesto una sartén pequeña en el fuego con una cucharada rasa de aceite y dándome prisa para que no humeara, he "limpiado" con un cuchillo la pechuga quitándole el exceso de nata... que se ha ido quedando en el plato (hay que tener en cuenta que la nata, tanto rato al fuego, lo más seguro es que se quemara). La pechuga en la sartén a fuego medio-bajo (o sea: hacerla sin prisas).

Cuando el pollo empieza a dorarse, coges la nata y la echas sobre la pechuga; procura que toda ella se "inunde" de la poca nata que has puesto. Un pelín de sal, si es de escamas acertarás seguro (la mejor sal del mundo, hazme caso). Apenas hierva la nata 20 segundos, apaga el fuego. Acabas de conseguir la mejor pechuga del mundo: jugosa, perfectamente cocida, y la nata... espectacular. No necesitas más. No dejes que se enfríe. Disfrútala y cuéntame cómo estaba.


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La mezquita rosa de Filipinas

Reconozco que en el primer momento en que he visto la imagen no he podido evitar pensar que el photoshop estaba presente: no podía ser que una mezquita, fuera del lugar que fuera, tuviera ese color rosa intenso. Así que sin muchos ánimos de encontrarla, me he puesto a buscarla. Ni qué decir la sorpresa que me he llevado al ver que era real, que existe... y que su sorprendente color no es fruto de ninguna mente calenturienta. O sí.

Es dificilísimo en muchas ocasiones incluso a pesar de la magia de Internet y de papá Google, encontrar información sobre sitios y lugares lejanos, sobre todo en pequeñas ciudades que apenas es posible ubicar en un mapa, y menos si pertenecen a países que no interesan demasiado a nadie. Si colocas el nombre de un edificio o monumento, y según el turismo, la relevancia, y el interés monetario que produzca, es posible que encuentres miles de páginas con información que muchas veces (demasiadas) están simplemente copiadas de un sitio a otro sin el menor recato. Pero hay otras ocasiones en que no encuentras nada de nada; y ese es el caso de hoy.

Las imágenes de algo más abajo corresponden a lo que es llamada Mezquita rosa de Filipinas, y cuyo nombre real es Masjid Danauk. Está situada en la localidad de Datu Saudi Ampatuan, en la provincia de Manguidanao, en Filipinas. Cuenta con algo más de veinticuatro mil habitantes, salvo cuando se produce el "ramadán" y miles de peregrinos se desplazan para orar en ella.

La mezquita es de muy reciente creación, al igual que el pueblo que se construyó el año 2003. El lugar santo fue terminado el año 2014. La idea de elevar ese monumento musulmán fue fruto de la mente de quien era su alcalde por aquel entonces, Samsudin Dimaukon, quien murió a últimos del 2016 en un enfrentamiento con la policía por un asunto de drogas, y que donó las tierras familiares en que se construyó.

Repito que la información sobre la mezquita es muy escasa, confusa, y quizás (aunque personalmente no lo entienda) por ser de reciente construcción de poco o nulo interés. Lo de su color rosa parece que viene por el sentido que se le da a ese color de amor, unión y amistad; algo así como el deseo de que toda la humanidad se lleve bien.



La mezquita rosa en todo su esplendor


El interior... también rosa


El alcalde que ordenó su construcción

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Harina de repostería ¿qué es? ¿cómo hacerla?

La harina de repostería (o harina especial de repostería) es la que generalmente se utiliza para algunos dulces (madalenas, por ejemplo). Es una harina que lleva la levadura ya incorporada, aunque ello no quiere decir que además luego, y según la receta, no tengamos que añadirle un poco más (de levadura química).

Generalmente se encuentra en grandes superficies comerciales (supermercados). No hay que confundirla con la "harina de fuerza" que es muy distinta y que casi siempre se utiliza para hacer pan.

Pero a lo mejor resulta que es domingo o festivo y no podemos ir a comprarla, por lo que, una de dos: o esperamos a mañana... o la hacemos nosotros.

Para hacer harina de repostería sólo hemos de tener en cuenta lo siguiente:

Por cada 250 grs de harina, añadir 16 grs de levadura química en polvo.

(16 grs es el equivalente a un sobre de levadura Royal)




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Historia de la peseta

Hasta el año 2002 cada país de Europa tenía su propia moneda, pero en ese año los europeos decidieron unificarlas y regirse por una sola: así nació el Euro. Hasta ese 2002 en España se comerciaba y pagaba con la Peseta.

La peseta de los últimos años (antes del euro) estaba formada por cien céntimos; era de color dorado y durante cuarenta años llevó en una de sus caras la del dictador Franco y el escudo del águila, y desde la muerte de éste en 1975, la efigie del rey Juan Carlos I y el escudo monárquico. Precisamente por su color, se le conocía como "la rubia", pero ese color dorado tiene mucha más historia.

Todo comenzó en 1808 durante la invasión francesa napoleónica. Por entonces el archiduque Carlos de Austria estaba en enfrentamiento con el francés Felipe de Borbón, y la ciudad de Barcelona (España) por orden del archiduque acuñó unas pequeñas monedas de dos reales que se llamaron "pecetas" (que en español quiere decir: piezas pequeñas. En 1868 era tal la cantidad de estas pecetas que había en circulación por todo el territorio nacional, que se adoptó como moneda oficial. Su nombre ya había derivado a pesetas. La primera moneda acuñada ya de curso nacional fue en 1869 y llevaba la leyenda "Gobierno Provisional".

Durante las monarquías de Alfonso XII y su hijo póstumo Alfonso XIII llevaron el rostro de ambos monarcas, reflejándose el paso del tiempo de dichos reyes. La primera moneda acuñada de la II República se hizo en 1933, y en ella aparecía la matrona Hispania con una rama de olivo; fue en ese momento cuando el metal fue cambiado siendo entonces cobre, aluminio y níquel. Anteriormente se acuñaban en oro y plata.

Ya terminada la Guerra Civil española (1936-1939) apareció la moneda de 25 céntimos (un cuarto de peseta), acuñada en cobre y níquel y que fue la primera que se presentó con una perforación en el centro; el único objeto de ese agujero fue el de ahorrar cuproníquel que escaseaba en la posguerra española; también en esos tiempos se retiraron de circulación todas las monedas de bronce, que después se fundieron y sirvieron para arreglar los desperfectos de las vías de los trenes.

La última moneda acuñada fue en un solemne acto oficial y es la de 100 pesetas.

En cuanto a los billetes el primero fue emitido por el Banco de España el 1 de julio de 1874, siendo de 25 pesetas. Con anterioridad eran varios los bancos que podían imprimir billetes de curso legal; durante la mencionada guerra civil y por escasez nuevamente de medios y material, se contrataron los servicios de bancos extranjeros para la obtención de papel moneda. Ya en 1940 (el 21 de octubre) el Banco de España mediante la FNMT (Fábrica Nacional de Moneda y Timbre) efectúa la primera emisión de billetes nacionales. En 1941 Franco ordena que a partir de ese momento todos los billetes y monedas españoles se acuñen en la FNMT.

Hasta que llegó el 1 de enero del año 2002, y la Peseta tuvo que convivir a la vez con el recién instaurado Euro, para finalmente el 28 de febrero de ese mismo 2002 dejar de ser de curso legal.


La peseta en papel

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Cuánto tardan los boniatos en el horno

Los boniatos (también llamados batatas) tienen unos tiempos a la hora de asarse en el horno. Y dependen de su peso.

Hasta 300 grs = 50 minutos en el horno.

De 300 a 500 grs = 1,15 horas.

De 500 a 1 kg = 1,30 horas.





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Conseguir que la miel caiga de la cuchara

Todos hemos comprobado que cuando cogemos la miel con una cuchara, cae una parte pero siempre, siempre, se queda casi la mitad... en la cuchara; y es entonces cuando con ayuda de un cuchillo, una espátula u otra cuchara, tratamos de hacer caer ese resto.

Bien, pues para que caiga prácticamente toda la miel sin problemas (y sin ponernos de los nervios), hay un truco muy sencillo: antes de meter la cuchara en la miel y cuando aún está limpia y seca... untarla con un dedo con aceite de oliva, por delante y por detrás (salvo el mango, claro está). Y ahora sí... a poner miel!.

Más fácil imposible.




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Salmón al horno

4 raciones


Salmón fresco (medio lomo de la parte de arriba)
1 cebolla
2 lonchas de jamón york
Bacon en trocitos
Aceite
Medio vasito de vino blanco
Queso rallado en hilo (el Filatto del Caserio va muy bien)


Encender el horno fuerte, precalentándolo.

El salmón tiene que ser fresco: comprar media cola de la parte de arriba que es más gruesa. Si se necesitan más raciones, comprar más trozo (el lomo entero quedará más seco porque la parte de la cola es muy fina).

Partir el trozo comprado en cuatro (ya que estamos hablando de cuatro raciones).

Picar la cebolla, el jamón york y el bacón muy pequeño.

En una sartén amplia con aceite de oliva muy caliente, sofreír la cebolla, el jamón y el bacón, dorándolo todo pero sin que se queme.

Untar una bandeja para horno algo alta (si puede ser cuadrada, mejor), con margarina/mantequilla o aceite. Poner encima el salmón ya cortado en raciones y con la piel en la base (hacia abajo). Sobre él echar el vino blanco y a continuación el sofrito de la sartén con el aceite sobrante incluído. Encima de todo espolvorear con el queso en hilo.

Introducir la bandeja a media altura del horno. Mantener dentro de 15 a 20 minutos... hasta que el queso quede dorado. Para saber cuándo está a punto, el indicador será el dorado del queso ya que el salmón se hace enseguida.

Servir caliente.


Nota:
Para recalentarlo en el caso que sobre, preferiblemente en horno suave y vigilando que el queso no se queme. No calentar en microondas porque el queso quedará blando y no crujiente y tampoco en sartén porque para ello habrá que añadir algo de aceite y quedará demasiado grasiento.





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